Cerca de la muerte y con la vista nublada, José Juan Roldán Castro aún podía ser testigo del horrendo desenlace del intento más letal de contrabando de inmigrantes en el país cuando se abrieron las puertas del tractocamión atestado con más de 70 indocumentados.
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“Podía a ver a todas esas personas que yacían en el piso del trailer”, dijo. “Las personas estaban encimadas. Intenté alejarme de todo eso. Es terrible verlo”.
Roldán relató su experiencia de casi cuatro horas en el interior del tractocamión herméticamente sellado al dar su testimonio el jueves en el segundo juicio a Tyrone Williams, el conductor del vehículo.
Williams podría enfrentar la pena de muerte por su papel en la muerte de 19 inmigrantes ilegales durante el intento de contrabando en mayo del 2003 desde el sur de Texas hasta Houston.
Roldán dijo que temió tanto por su vida tras subirse al tractocamión en un campo apartado cerca de Harlingen, que inmediatamente retiró una hoja de metal que cubría una de las puertas traseras del vehículo y empleó sus puños para hacer un agujero a través de una de las luces direccionales traseras con el fin de permitir la entrada de aire. En un principio, otros inmigrantes intentaron detenerlo.
“Grité: ‘¿Qué, no entienden? ¡Aquí estamos en peligro de muerte porque no entra aire!”, testificó en español y un intérprete lo tradujo.
Roldán, de 30 años y oriundo del estado mexicano de Puebla, fue el primer sobreviviente en presentar su testimonio en el juicio a Williams, que comenzó el lunes.
El testigo dijo que los contrabandistas le habían dicho que se le permitiría salir del camión a él y a los otros inmigrantes una vez que pasaran un retén de la Patrulla Fronteriza en Sarita, donde serían transportados a Houston en otros vehículos. Pero el tractocamión siguió adelante sin detenerse.
Durante el recorrido, las temperaturas en el interior del trailer se incrementaron enormemente, en parte debido a que el sistema de aire acondicionado del vehículo no estaba encendido. Los inmigrantes se vieron obligados a quitarse la ropa y a perforar agujeros adicionales en las puertas traseras con el fin de que entrara aire, a medida que sus temperaturas corporales se incrementaron desde los 37 grados centígrados hasta los 45.
El primer inmigrante que falleció fue un niño de 5 años, y su muerte provocó una oleada de pánico dentro del camión, testificó Doris Argüeta, otra indocumentada que sobrevivió.
“Todo mundo gritaba. Se desesperaban cada vez más”, dijo la mujer, una hondureña de 34 años.
Para cuando se abrieron las puertas del tractocamión y Williams lo abandonó en un sitio para descanso de camioneros a unos 160 kilómetros al suroeste de Houston, 17 inmigrantes habían muerto. Dos fallecieron posteriormente. La causa de las muertes fue deshidratación, asfixia y exceso de temperatura corporal.
Un jurado declaró culpable el año pasado a Williams de 38 cargos por transporte ilegal, pero el hombre evitó ser condenado a muerte porque los miembros del jurado no pudieron ponerse de acuerdo sobre su papel en el delito.
Williams, un jamaiquino de 35 años, es el único de 14 personas acusadas en el caso que enfrenta la pena de muerte.
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