El precandidato presidencial demócrata, Barack Obama, se apuntó ayer el apoyo de un sindicato y de otros dos superdelegados, incluyendo el influyente ex congresista de Indiana, Lee Hamilton, mientras intenta reducir la ventaja de la senadora Hillary Clinton entre los electores de Pennsylvania, la próxima escala primarista. De hecho, algunos sondeos concluyen que la diferencia entre ambos se ha reducido.
Un sondeo de la Universidad de Quinnipiac, que concluyó el 31 de marzo, da a Clinton una ventaja de nueve puntos sobre Obama (50%-41%) en Pennsylvania, pero a mediados de marzo la ventaja era de dos dígitos: 12 puntos porcentuales.
La jornada demócrata se centró en la economía, los empleos y los tratados comerciales, temas que resuenan en Pennsylvania. La campaña de Clinton anunció que la senadora emitirá otro comercial televisivo de una llamada a la Casa Blanca a las 3:00 de la madrugada, pero esta vez no será sobre política exterior y seguridad nacional sino sobre la economía.
O más bien “qué pasaría si esa llamada a las tres de la madrugada tiene que ver con una crisis económica”, indicó Mark Penn, principal estratega de la campaña de Clinton.
Un comercial similar se empleó en Texas y Clinton ganó la primaria, aunque Obama se alzó con más delegados.
Clinton promovió un plan de 7,000 millones de dólares en incentivos tributarios para que las empresas no recurran a mano de obra extranjera en perjuicio de los trabajadores estadounidenses.
En Pennsylvania el voto sindical tiene peso, y aunque Clinton lo aventaja, Obama logró el apoyo del Sindicato Nacional de Empleados de Hospitales y de Salud, afiliado a la Federación Americana de Empleados Estatales, Condales y Municipales (AFSCME), que apoya a Clinton.
Obama y Clinton están enfrascados en una disputa sobre quién es el que más se opone a los acuerdos comerciales como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) suscrito por el ex presidente Bill Clinton. La senadora insiste en que ella no estuvo de acuerdo totalmente con el pacto comercial al que los sindicatos responsabilizan por la pérdida de millones de empleos a través del país, incluyendo en Pennsylvania.
Por otra parte, el presidente del Comité Nacional Demócrata (DNC), Howard Dean, se reunió con legisladores de Florida buscando una solución para sentar a los delegados eliminados como castigo por adelantar la fecha de su primaria y que ahora son tan importantes por tratarse de una cerrada contienda.
Dean dio esperanzas de que habrá una solución.
Mientras los demócratas siguen sin un claro nominado, John McCain, seguro nominado presidencial republicano, inició la búsqueda de su compañero de fórmula y dijo que espera elegirlo antes de la Convención Republicana en septiembre. Agregó que la lista incluye unos 20 nombres.
Entre los que circulan figuran dos de sus ex rivales, Mike Huckabee y Mitt Romney; también suena Charlie Crist, gobernador de Florida, y Tim Pawlenty, gobernador de Minnesota.
McCain continuó con su gira biográfica y acudió ayer a la Academia Naval de Annapolis, Maryland, de la cual se graduó.
El mismo sondeo de Quinnipiac dice que en Pennsylvania, en una elección general, Clinton superaría a McCain 48% sobre 40%, y Obama también lo supera 43% sobre 39%.
Sobre la primaria en Pennsylvania, la encuesta indica que los votos están divididos por género y raza. Por ejemplo, más votantes afroamericanos apoyan a Obama que a Clinton (73% sobre 11%); y Clinton tiene el apoyo de más votantes blancos (59% sobre 34%). Más mujeres apoyan a Clinton y los dos precandidatos están empatados en la preferencia de los votantes hombres.
Gane quien gane en los estados que restan, ni Obama ni Clinton podrían reunir los 2,024 delegados requeridos para lograr la nominación.
Por eso la importancia de los superdelegados, los casi 800 funcionarios y ex funcionarios demócratas electos automáticamente, que pueden votar por quien les plazca, y tienen el potencial este año de decidir quién será el nominado demócrata.
Clinton supera a Obama en la cifra de superdelegados aunque su ventaja se ha reducido.
Ayer otros dos superdelegados anunciaron su apoyo a Obama: el ex congresista de Indiana, Lee Hamilton, una figura respetada entre los demócratas que copresidió la comisión que investigó la respuesta del gobierno antes, durante y después de los ataques terroristas del 9/11.
El gobernador de Wyoming, Dave Freudenthal, también apoyó a Obama.
Los superdelegados tienen además el potencial de disuadir a otros superdelegados de cambiar su voto y favorecer a alguno de los precandidatos.
Hamilton declaró que Obama aboga por “políticas de consenso y no de división partidista”.
Algunos críticos apuntan a que el bagaje de Clinton es muy pesado, que se le relaciona con una época quizá de bonanza económica bajo la presidencia de su esposo, pero también repleta de pesquisas, enfrentamientos y divisiones.
Y de hecho, en la lucha por la nominación demócrata han resurgido muchas de las tácticas empleadas en contra de los republicanos. Varias figuras demócratas han externado su descontento con el tono negativo que ha tomado la campaña y por algunas de las tácticas empleadas.
Otro superdelegado, el ex vicepresidente Al Gore, se ha mantenido neutral y es cortejado por los dos precandidatos. Obama no descartó ayer que ofrecería a Gore algún puesto de peso en su potencial administración, sobre todo para lidiar con el tema energético y el calentamiento global.
Gore, ganador de un premio Nobel por sus esfuerzos de educar a la población sobre la amenaza del cambio climático, “estaría en la mesa y jugaría un papel central en determinar cómo resolvemos este problema”, indicó Obama.
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